A veces, Leiah sentía que iba a despertar en cualquier momento, como si el viento fuera a soplar con fuerza y el castillo de cristal donde vivía ahora se deshiciera en mil pedazos.
Pero no. Seguía ahí.
La mañana era clara, el café humeante en su taza, y la música suave que salía del pequeño altavoz llenaban el espacio con una paz casi irreal. Darren le había escrito un mensaje hacía poco: “Piensa en mí cada vez que respires, porque yo lo hago contigo.”
Suspiró, abrazando una almohada con una so