El amanecer se extendió lentamente sobre el territorio, pero no fue la luz lo que marcó el inicio del día… fue la sensación.
Algo había cambiado de forma definitiva.
No era un presentimiento.
No era una sospecha.
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Era certeza.
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El vínculo que se había sellado la noche anterior no solo existía entre Kael y Lía… se había expandido, como una onda invisible que ahora recorría cada rincón de la manada.
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Los lobos lo sentían.
En la piel.
En los huesos.
En el instinto.
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Dentro de la casa, el ambie