El silencio que dejó la partida de Nyra no fue un alivio.
Fue una presión distinta.
Más densa.
Más íntima.
Como si el bosque entero hubiera decidido retroceder… dejándolos completamente solos dentro de algo que ya no podían ignorar.
Kael no se movió de inmediato.
Tampoco Lía.
Ambos permanecieron ahí, a escasos centímetros, compartiendo el mismo aire, la misma tensión… pero ahora sin interrupciones, sin distracciones, sin excusas.
Y eso…
eso lo hacía más peligroso que cualquier enfrentamiento.
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