Capítulo 44.
—¿De verdad está bien que use esto? —preguntó Kara con incredulidad.
—No te quejabas tanto con tu traje de bailarina, ¿sabes? —murmuré, acomodándole la tiara en la cabeza.
Un montón de joyas carísimas. Eso era la corona de princesa que no dejaba de resbalar de su cabello.
Nos encontrábamos alistándonos para la fiesta de cumpleaños de mi tío. La peluca rubia había sido un dolor de cabeza: ninguna se veía lo bastante real ni del tono adecuado. La necesitaba porque todos tenían que creer q