43. Impongo mis deseos sobre los tuyos
Fausto.
—No Fausto, no vamos a meter a una desconocida en nuestras oficinas. No me parece correcto. Se supone era un espacio seguro para nosotros—ignoré completamente a César cuando subí
la ventana polarizada del Jeep Wrangler negro.
Salí de mi mansión pisando el acelerador a fondo.
No tenía por qué aguantar las pataletas de Cesar acerca de las personas a las que yo le quisiera dar acceso a mis oficinas.
Yo metería a Indra porque era el puto dueño de este imperio. Nadie más.
Además no quer