Luthia
Junto a los campos de trigo sobre los que habían danzado la guerra y la muerte, las tropas de Balardia avanzaron. No tenían palabras para describir lo que sus ojos veían, ni las tendrían para relatar sus memorias a sus nietos.
Un ejército prodigioso, enviado por los dioses, había hecho el trabajo por ellos, evitándoles un dolor innecesario, eso suponían.
A cada paso daban las gracias; con cada inhalación de los vapores de la sangre seca y los miasmas de los caídos, elevaban sus plegarias