Balardia, palacio real
Debilitadas sus fortalezas por el deseo de ver a su hijo sano y por el temor terrible de comprender los designios del destino, Eris no pudo luchar contra la pasión que Akal seguía despertando en su cuerpo.
Le permitió desnudarla y lo desnudó ella también. Lo acarició con el hambre acumulada y el frío de vivir lejos de él por tanto tiempo. Lo besó recordando cada detalle de su boca, el sabor de sus labios y la forma de sus dientes. Volvió a confiar en él y cerró los ojo