Por vez primera, el regreso de los prisioneros a las mazmorras luego de la arena no fue silencioso. En la habitual marcha fúnebre ahora reinaba el jolgorio, en el que se mezclaban la alegría de seguir vivos con la incredulidad.
Muchos habían dudado de que la idea del Asko de un combate fingido rindiera frutos. Dudaron también de que el hombre que tuvieran en frente atacara de mentira y acabaran traicionándose unos a otros, pero confiaron y la fe los había vuelto victoriosos.
Tanta era la dich