Balardia, palacio real
Estirando su rostro con las manos, Kemp hacía muecas que arrancaban tiernas carcajadas al príncipe Lud.
—¿Quién es el niño más adorable del reino? ¿Quién es? ¿Eres tú, Lud? ¡Sí, eres tú!
En una mesa cerca de la ventana, Eris revisaba unos documentos en compañía de Nov. De vez en cuando, miraba hacia el niño y sonreía. Oír sus risas, luego de tanto llanto, le alegraba el alma. Por fin había llegado la primavera a sus vidas.
—Las propuestas de este gobernador me p