La noche de los gritos dolientes se desató con una ventisca, que sobre la piel se sintió como un mal presagio. Las gentes de la tierra, en su profunda conexión con ella, conocían el lenguaje de la naturaleza, habían descifrado sus mensajes, y buscaron refugio en sus hogares al caer el último rayo de sol.
No había un alma en el mercado cuando la tropa liderada por Akal cabalgó por las calles, que todavía olían a hierbas, frutas y a la sangre de los animales sacrificados.
A mitad de camino hacia