El sol de la mañana, radiante como un abrazo cálido, besaba la piel del nuevo alfa de la manada Blanca. Como las leyes dictaban, Dom, el culpable de tantos males, fue juzgado y recibió la misma condena que Akal, quien se aseguró de que la última gota de vida se hubiera extinguido de su cuerpo antes de que las llamas lo consumieran, convirtiéndolo en cenizas. El mismo destino sufrieron los pocos de sus seguidores que todavía vivían.
Descubierto el horroroso plan que había buscado quitar de en me