Stella Bianchi… El nombre le resultaba tan familiar.
Era el primer año después de que se graduara de la universidad. Paolo la había llevado de vuelta a la mansión para que se convirtiera en su sirvienta personal, encargada de su rutina diaria. En muy poco tiempo, ella había memorizado sus horarios, sus gustos y sus manías, aprendiendo con esmero a ser la asistente perfecta.
Paolo estaba satisfecho con su desempeño. Le hizo jurar que nunca lo traicionaría y que obedecería cada una de sus órdenes