Susan frunció el ceño con fuerza, sintiendo un temblor interno. Intentó retirar la mano que él mantenía sobre su pecho, pero Genaro la presionó aún más.
—¡No te vayas...!
El tono de él era aterradoramente lúgubre, y sus ojos estaban tan rojos que parecían a punto de sangrar.
La mano de Susan se quedó rígida, y su corazón empezó a latir con ansiedad. Lo miró a las pupilas enrojecidas con temor, presintiendo el peligro. Sabía que ese preludio significaba que iba a perder el control, que sus emoci