Gio levantó sus bonitos ojos coquetos, mostrando un cariño profundo hacia Cristina. Cuando vieron desaparecer la espalda de Gio, Marie se volvió hacia Cristina y sonrió con elegancia.
—¿Te puedo decir Cristi?
—¡Claro! Todos me dicen así.
Cristina sonrió con dulzura.
—Cristi, eres una chica con mucha suerte.
En los ojos de Marie se notaba cierta envidia.
—¿Eh? Yo... sí, creo que tengo suerte.
Cristina se quedó atónita y balbuceó.
—Me tranquiliza que digas eso.
La mirada de Marie se volvió distan