En la amplia oficina de la presidencia, Michel y Susan aguardaban en silencio a ambos lados del escritorio, esperando las instrucciones de Paolo.
La sonrisa que Paolo había mostrado durante la llamada telefónica se había desvanecido, reemplazada por una expresión cargada de preocupación. Se masajeaba la sien con gesto de dolor mientras revisaba, página por página, los documentos que Susan le había entregado.
Susan, de pie a un lado, lucía demacrada; las ojeras oscuras bajo sus ojos eran evident