Paolo se levantó bruscamente, con su imponente figura dominando el espacio. En el fondo, sentía una inquietud latente y sus oídos se negaban a escuchar cualquier cosa relacionada con Gabriella. En resumen: ella estaba viva, y eso era todo. No quería saber nada más.
Al ver que Paolo se ponía de pie, Carlo empezó a ponerse nervioso y se apresuró a hablar.
—Le transmitiré sus palabras tal cual a la señora Fabri.
—Bien, estoy muy ocupado. —Paolo miró directamente su costoso reloj de pulsera, reiter