Nicolo sonrió, haciendo temblar la grasa de sus mejillas. Miró rápidamente a Paolo y luego se dirigió a los accionistas con tono enérgico y postura arrogante.
—Señores accionistas, ¡escuchen con atención!
Al terminar la frase, el audio comenzó a reproducirse. Se escuchaba la voz del difunto Vittorio Morelli discutiendo con su esposa. La conversación pasaba de la calma a los reclamos, y a los gritos. Era obvio que el audio había sido editado.
—Vittorio, ¿hasta cuándo me vas a ocultar la verdad?
—Estamos en la empresa, hablaremos en casa.
—¿En casa? ¿Y si Paolo nos escucha?
—¿Ahora te preocupa lo que sienta Paolo?
—Es el niño que crie, siempre creí que era mío… pero resulta que… ¡que no lo es!
—¿Ya terminaste con tu escándalo? ¡No me obligues a tomar medidas drásticas!
Vittorio sonaba furioso. Quienes lo conocieron sabían que era un hombre amable que rara vez perdía los estribos. Se decía que su relación con su esposa era excelente, por lo que resultaba difícil imaginar una pelea así. L