En la sala de juntas del Grupo Morelli, el ambiente de tensión persistía.
Apenas Nicolo terminó de hablar, los accionistas comenzaron a murmurar, generando un alboroto creciente.
—Director Donati, no puede decir cosas así a la ligera. Usted vio crecer al presidente, sabe mejor que nadie que no es ningún impostor.
—Exacto. No sabemos qué problemas tenga con el presidente, pero no puede difamar de esa manera.
—¿Cómo va a ser el presidente un fraude? ¡Yo lo vi crecer! Nadie le va a creer esa mentira.
Varios de los accionistas más antiguos no pudieron contenerse y expresaron su incredulidad.
La gran mayoría seguía del lado de Paolo. Sin embargo, él no mostró ninguna señal de triunfo. Desde el principio hasta el final, su cara mantuvo una serenidad… una calma tan profunda que empezó a inquietar tanto a Enrico como a Nicolo.
Paolo mantenía la mirada baja, ocultando cualquier emoción. Por dentro, se sentía tan tranquilo como aparentaba; ninguna acusación, por agresiva que fuera, lograba pert