Cristina frunció el ceño, incapaz de quedarse quieta. Levantó la vista hacia la ventana, sintiendo una profunda inquietud.
Al calmarse un poco y recordar la expresión, los rasgos de la chica, así como las palabras que dijo antes de clavarse el cuchillo, el sentimiento que le quedó a Cristina era de consternación.
Lo que había expresado era claramente una declaración para Paolo, pero Cristina sentía que todo lo que decía la joven iba dirigido también a ella. Una extraña sensación se agitó en su