¡Hablar a medias era peligroso! Paolo ya estaba pagando el precio, pero como ella seguía enojada, tuvo que tragarse su orgullo. Ignorando a Michel, siguió consolándola con voz melosa:
—No pienses mal. Te juro que no iba por ahí. ¿Crees que soy tan estúpido como para dispararme en el pie? Sabía que te ibas a enojar si decía eso, así que es obvio que no me refería a lo que piensas.
—...
—Ya no te enojes. Eres perfecta. Créeme.
Michel escuchaba todo incrédulo. ¿Qué era eso de apretada o no? Desde que el jefe fue a Corea, hasta su forma de hablar se había vuelto interesante...
La explicación de él solo la irritaba más.
Paolo soltó un "ah" pensativo y bajó la voz.
—Está bien, ya no digo nada. Voy a la empresa. Te llamo más tarde. Levántate y come algo, termina tus asuntos allá rápido y espérame bien portada. Ah, y otra cosa: esta noche no regreses a casa de Ciro. ¡Es peligroso!
—¡Tú eres el peligroso! —interrumpió ella.
—Hablo en serio, ese tipo es peligroso. Eres mujer, no tienes idea de