¡Hablar a medias era peligroso! Paolo ya estaba pagando el precio, pero como ella seguía enojada, tuvo que tragarse su orgullo. Ignorando a Michel, siguió consolándola con voz melosa:
—No pienses mal. Te juro que no iba por ahí. ¿Crees que soy tan estúpido como para dispararme en el pie? Sabía que te ibas a enojar si decía eso, así que es obvio que no me refería a lo que piensas.
—...
—Ya no te enojes. Eres perfecta. Créeme.
Michel escuchaba todo incrédulo. ¿Qué era eso de apretada o no? Desde