A las seis y media de la tarde, el edificio central del Grupo Morelli, ubicado en el corazón financiero de la ciudad, estaba iluminado pero envuelto en una atmósfera pesada.
En cuanto salió la noticia en el radio, los empleados que se preparaban para salir comenzaron a murmurar.
Los chismes volaban, especialmente entre las mujeres:
—Escuché que el puesto del señor Morelli pende de un hilo. La junta de accionistas ya decidió destituirlo.
—¿¡Qué!? ¿Por qué? ¿No es el hijo mayor de la familia More