Cristina despertó envuelta en el sonido incesante del celular. Sacó su mano de entre las cobijas y, tras varios intentos, logró agarrar el celular que descansaba al borde de la cama.
—Bueno... —Su voz soñolienta viajó a través de la línea hasta los oídos de Paolo.
Recién bajado del avión, Paolo había ignorado un sinfín de llamadas perdidas que parecían de vida o muerte; su prioridad era hablar con su pequeña. Al escuchar ese tono perezoso y sensual, no pudo evitar sonreír.
—¿Sigues dormida? Par