El tono de Cindy se volvió melancólico.
—En realidad, allá no me queda familia. Y si la tuviera, seguro ya se olvidaron de mí...
—Eh...
Mina vio que volvía a ponerse triste. Sabía que estaba recordando el pasado, así que decidió cambiar de tema rápidamente. La tomó de la mano y se metieron entre la multitud hasta llegar a la dulcería nueva.
—Escuché que el dueño de esta dulcería es extranjero y que esta es una de sus muchísimas sucursales.
Mina vio la cara de desolación de Cindy, suspiró y tomó una figura de azúcar de un estante, agitándola frente a sus ojos verdes.
—¡Regresa a la tierra! Mira qué guapa está esta figurita. Cejas pobladas, ojos color ámbar, nariz recta, labios finos, una sonrisita a medias... pero, ¿qué onda con el nudo de la corbata? Está rarísimo...
Cindy abrió los ojos lentamente y miró la figura que Mina sostenía. Sus pupilas se contrajeron, incrédulas. En ese momento, una empleada se acercó sonriendo y les habló en un coreano amable y suave:
—Hola, bienvenidas a l