El invierno en Seúl era gélido y parecía eterno. Las hermosas flores de hibisco adornaban cada rincón de la ciudad, y cuando soplaba el viento, la escena era incluso más bella que durante una nevada.
—¡Cindy!
Una chica coreana, vestida a la moda y muy atractiva, aceleró el paso para alcanzar a la mujer que admiraba el paisaje tranquilamente unos metros adelante.
Cindy se dio la vuelta y vio a Mina, la chica con la cara roja, jadeando por el esfuerzo.
—Oye... ¿por qué te... fugas sin avisarme?
Mina hablaba en un español torpe con Cindy. El sudor perlaba su frente por la carrera.
—¡No me estoy fugando! Solo estoy caminando.
Cindy se carcajeó al ver las mejillas coloradas de su amiga.
—Cindy, ¿por qué Ciro no vino a recogerte hoy?
Mina miró a su alrededor buscando esa figura alta y familiar, pero al no encontrarla, su expresión se tornó decepcionada.
—Ciro dijo que tenía una junta en la empresa, así que vendrá por mí más tarde.
Cindy hizo una mueca y miró de reojo a Mina, que parecía un