Cindy se apresuró a secarse las últimas lágrimas y levantó la cabeza para encontrarse con la mirada suspicaz de Ciro. Forzó una sonrisa.
—Ciro.
—¿Qué tienes? ¿Lloraste?
Ciro vio el rastro de humedad en sus ojos. Sus dedos ásperos tocaron su mejilla suave con preocupación.
—No... ¿cómo crees? Pregúntale a Mina.
Cindy le guiñó un ojo a su amiga.
—Sí, sí, no lloró, es que le entró una basurita en el ojo. Ciro, tranquilo, ya me encargué de todo, a tu querida hermana no le falta ni un pelo...
Mina m