Cindy se apresuró a secarse las últimas lágrimas y levantó la cabeza para encontrarse con la mirada suspicaz de Ciro. Forzó una sonrisa.
—Ciro.
—¿Qué tienes? ¿Lloraste?
Ciro vio el rastro de humedad en sus ojos. Sus dedos ásperos tocaron su mejilla suave con preocupación.
—No... ¿cómo crees? Pregúntale a Mina.
Cindy le guiñó un ojo a su amiga.
—Sí, sí, no lloró, es que le entró una basurita en el ojo. Ciro, tranquilo, ya me encargué de todo, a tu querida hermana no le falta ni un pelo...
Mina mentía con una naturalidad asombrosa.
—¿Ah, sí?
Ciro miró a Mina con desconfianza. En realidad, no le gustaba que Cristi (Cindy) tuviera mucho contacto con gente de fuera. Aceptaba a Gio porque le había "salvado la vida", pero con Mina siempre había tenido sus reservas.
—¡Sí! ¡No dudes de mis amigas!
Cindy suspiró molesta. Odiaba que cuestionara sus amistades; ya era una adulta, pero él siempre la trataba como a una niña.
—No dudo de tu amiga.
La voz de Ciro se suavizó. Se inclinó para quedar a l