Mary entró a la casa y caminó con paso firme hasta la habitación de Junior. No le importó que Carlos continuara mirándola desde la entrada. Se inclinó sobre su hijo, lo besó en la frente y le acomodó con cuidado las almohadas.
—Te extrañé. ¿Y cómo te fue en tu cita? —preguntó Junior.
—No era una cita, hijo —respondió ella, con una sonrisa forzada.
Pero por dentro, Mary estaba intranquila. No dejaba de pensar en la mirada de Carlos al verla besándose con Jesús. ¿Qué estaría planeando ahora?
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