—¿Y qué quieres que piense?
—Quiero arreglar las cosas. Solo dime qué tengo que hacer.
—No hay nada que arreglar.
—Voy a conquistarte, serás mi mujer y todo será por las buenas.
Mary continuaba mirando por la ventana. Se sentía asfixiada y solo quería llegar rápido a la mansión de los Martin.
Rafaela, quien observaba por la ventana, se sorprendió al ver que Mary se bajaba del auto de Carlos y aceptaba su mano sin vacilar.
—¡Rafaela! ¿Cómo has estado? —se apresuró a saludar Mary.
—¿Tú y Carlos y