Mientras tanto, por los alrededores de la gran hacienda Martín, rondaba John desde hacía varios días. Su aspecto era lamentable: vestido con harapos y con un rostro casi cadavérico, estaba irreconocible. Nada quedaba de aquel hombre rozagante y apuesto de meses atrás.
Rafaela fue informada de la situación y decidió comprobarlo por sí misma. Al verlo, su corazón se llenó de tristeza. John siempre había sido un bueno para nada, un mantenido y mujeriego que nunca se preocupó por nada. Ahora, el re