La mañana siguiente llegó con una tensión que se podía palpar en el aire.
Valeria apenas había dormido tres horas. Cuando salió de su habitación, encontró a Alejandro en el comedor, hablando por teléfono con voz baja y peligrosa.
—Quiero a todos los hombres disponibles buscándolo. No me importa si tienen que levantar cada piedra de esta maldita ciudad. Encuentren a Raúl.
Valeria se quedó parada en la entrada, observándolo. Alejandro colgó la llamada y se giró hacia ella. Su expresión se suavizó