A las 8:45 de la mañana, Valeria estaba parada frente a la puerta de la casa con una sola maleta negra a sus pies.
Llevaba un vestido blanco sencillo y el collar de diamantes que Alejandro le había regalado años atrás. No había podido dejarlo.
Mateo sostenía a Luca en brazos. El pequeño no entendía lo que estaba pasando, pero sentía que algo estaba mal. No dejaba de mirar a su madre con sus grandes ojos curiosos.
Valeria se acercó a ellos. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.
—Ven aquí, mi