Ocho años después
La casa blanca frente al mar ya no era solo una casa. Se había convertido en un hogar lleno de vida, risas y recuerdos.
Valeria tenía cuarenta y un años y, aunque algunas noches aún despertaba con el corazón acelerado, ya no eran pesadillas constantes. Eran solo ecos lejanos que desaparecían con la luz del día.
Esa mañana de junio, se encontraba en la terraza observando el paisaje. Elena, de siete años, corría por la arena persiguiendo a su hermano Luca, que ya tenía diecisiet