Valeria se despertó con el corazón latiéndole con fuerza. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz tenue de la ciudad que entraba por los ventanales. Damián dormía a su lado, con un brazo posesivamente sobre su cintura, como si incluso en sueños temiera que ella desapareciera.
Ella se quedó quieta varios minutos, respirando con lentitud, memorizando el peso de ese brazo. Cada noche era igual: él la tocaba, la besaba, le susurraba palabras de posesión, y ella soportaba todo c