Valeria llevaba ya cuatro meses bajo el control absoluto de Damián.
Cuatro meses de rutinas humillantes, de confesiones forzadas, de noches en las que él la tocaba mientras ella se desconectaba mentalmente para no volverse loca. Cuatro meses fingiendo obediencia, memorizando cada hábito, cada debilidad, cada momento en que Damián bajaba la guardia.
Esa mañana, mientras desayunaban, Damián estaba más distraído de lo habitual. Revisaba su teléfono con el ceño fruncido, respondiendo mensajes con r