El jet privado temblaba en la pista mientras los autos negros de Damián bloqueaban el camino. Las luces de los faros iluminaban la cabina como si fueran reflectores de un interrogatorio. El piloto maldijo en voz baja y miró a Viktor, que estaba de pie en la puerta de la cabina.
—No puedo despegar —dijo el piloto—. Nos van a disparar.
Valeria apretó a Luca contra su pecho. El niño había empezado a llorar en silencio, aterrorizado por los gritos y las luces. Mateo sacó un arma que Valeria no sabí