El camión se detuvo al amanecer en un pequeño pueblo fronterizo. La lluvia había cesado, pero el aire seguía cargado de humedad y tensión. El conductor abrió la puerta trasera y les hizo una seña rápida.
—Hasta aquí llego yo. Hay un auto gris dos calles más abajo. Llaves debajo del guardabarros izquierdo. Conduce hacia el norte cuatro horas. La casa segura está en las coordenadas que les di.
Viktor bajó primero, mirando alrededor con nerviosismo.
—Aquí nos separamos. Yo me encargo de despistar