Al día siguiente, el penthouse estaba en completo silencio.
Valeria empacó muy poco. Solo tomó la ropa con la que había llegado y una chaqueta. No quería llevarse nada que le recordara a Alejandro. Cada objeto en ese lugar se sentía como una cadena.
Alejandro estaba parado frente a la ventana del salón, de espaldas a ella, con las manos en los bolsillos. No se había movido en casi una hora.
Cuando Valeria apareció con una pequeña bolsa en la mano, él se giró lentamente. Tenía ojeras profundas y