Violeta
Recostada sobre la cama, observando esas cuatros paredes doradas que la retenian, Rosseta decidió caminar hasta la ventana. Ya era de noche, tenía la luna frente a ella con un matiz de color plata increíblemente bello y majestuoso. Por suerte, la ventana estaba direcciona al jardín, lo podía ver todo, pero sólo podía hacer eso, quedarse a mirar y soñar despierta. Al intentar estirar sus brazos para sentir la refrescante brisa que corría por la noche, se le fue negado. Al parecer, Albuz colocó un