Rosseta bajó muy despacio las escaleras del palacio. Todos los que habían sido invitados eran soldados del reino, sirvientes y empleados que dirigieron sus miradas a ella en cuanto la vieron. Rosseta tuvo miedo por unos instantes que se sintió intimida, pero aun así, se mantuvo firme y llegó hasta el salón.
Frente a todos se encontraba Golfo, quien a parte de sanador era también sacerdotiso. Aun lado de él, se encontraba Albuz, se vestuario no era más que la misma sotana de color neg