Albuz dejaba pequeños dibujos imaginarios en la espalda desnuda de Rosseta, mientras la observaba dormir sobre su cuerpo. Al final ella si tuvo sueño, tanto que no abría los ojos, ni porque la luz del sol indicaba una nueva mañana.
Se movió muy despacio entre las sábanas, empezaba a despertar.
- Bienvenida, Ross. - dijo cuando ella al fin despertó.
Roseeta lo miró y sonrió extasiada y maravillada por estar con él.
- Buenos días, Albuz. - habló feliz, era una de las mejores mañana que ha ten