Rosseta caminó hasta el despacho de Albuz, tocó sutilmente con los nudillos de su mano aquella puerta de madera y se quedó a esperar que él permitiera su acceso.
- Adelante. - escuchó la voz de Albuz. Él tenía su mirada fija como siempre en aquellos textos de hechicería que día tras día los repasaba. Al ver a Rosseta parada frente a él, decidió cerrarlo y preguntó. - ¿Sucede algo?
Ella lo negó.
- Sólo quería saber si necesitabas algo. - dijo, a la vez que posaba las manos tras la espalda y su