Mundo ficciónIniciar sesiónDavid, el Alfa de la manada Luna Creciente, encontró a su compañera en la persona menos esperada... Azul, una joven soñadora que no cree en el destino. Por situaciones de la vida él ha tenido que esperar para confesárselo, y cuando lo hace, no recibe la mejor de las respuestas... Ella le propone un trato... Una NO-relación, sin sentimientos, sin celos, sin cenas familiares... Él acepta con tal de estar cerca de ella. Pero algo sale mal... Ellos se enamoran. Azul no debió iniciar ese juego. Ahora no sabe cómo confesarle a David, el secreto que atormenta sus días y noches. Uno que podría poner en riesgo su relación. Ser egoísta y ser feliz, o ser honesta y arriesgarse a perderlo... ¿Qué decisión tomará?
Leer másDavid se aparta dejándome respirar, se tumba junto a mi en la cama y se queda observando el techo de la habitación. Desde que llegué he notado algo diferente en él, se encuentra distante y pensativo. Sin duda no es la persona cariñosa a la que empezaba a acostumbrarme.
Fue como tener relaciones con otra persona; está vez no hubo abrazos ni caricias bonitas, no intentó confesar sus sentimientos como lo hizo la última vez que estuvimos juntos; cuando dijo que me amaba. Más bien fue algo frío y mecánico, que a decir verdad no disfruté.
—Después de todo... Tenías razón, Azul. No creo que seamos el uno para el otro —declara David, dejándome en el limbo.
—Pero tú dijiste que...
—Ah… sí.. Eso fue en el calor del momento. No prestes atención a mis palabras. Sé que en nuestro "trato” dejaste muy claro que no querías esas «muestras de afecto», pero no te preocupes; no lo decía en serio —espeta, con el gesto más frío que he visto jamás en su rostro.
No sé en qué momento se torcieron tanto las cosas. ¿Cómo fue que llegamos a esta situación?
Reprimo el dolor que se instala en mi pecho y amenaza con hacerme sollozar. Las manos las escondo debajo de la sábana para que no note el temblor que se ha apoderado de ellas.
—¿Y lo acabas de deducir? —inquiero con ironía.
—A decir verdad, no.
—Entonces me usaste.
—Ambos nos usamos ¿No?, De eso se trató este juego que tú misma propusiste —dice con una tranquilidad que me hiela la sangre.
—Te diste por vencido —afirmo después de unos segundos.
—Sabes que tengo responsabilidades como Alfa que debo cumplir. La manada me necesita, así como necesita a su Luna y pienso dársela —murmura encogiendo sus hombros, como si estuviese hablando del clima—. Buscaré a una mujer que sí quiera ocupar ese lugar, que tenga las mismas metas que yo, y que quiera darme la familia que ansío tener.
Fuerzo a mi boca a formar una sonrisa, aunque más bien siento que parece una mueca y finjo la tranquilidad que no tengo. Sólo de imaginarlo con otra mujer; tocándola como me toca a mí, diciéndole que la ama… y peor aún, formando una familia juntos... Siento que me falta el aire, necesito salir con urgencia de aquí.
Pero en el fondo reconozco que es lo mejor. Este momento tenía que llegar de una manera u otra, y me da cierta paz saber que solo seré yo quien sufra.
—Entiendo —digo recogiendo mi ropa que ha quedado desparramada por la habitación. Sabía que de alguna forma terminaríamos, pero jamás imaginé que sería tan humillante.
Me visto de prisa bajo su atenta mirada. En cierto momento me parece apreciar un gesto de arrepentimiento en David, pero aparto la idea rápidamente cuando veo que él también comienza a vestirse.
Tomo todo lo que traje conmigo y empiezo a caminar hacia la salida. Solo quiero estar en mi auto y dejar salir las lágrimas que me ahogan silenciosamente. Sujeto la perilla de la puerta y me detengo cuando pronuncia mi nombre:
—Azul...
El corazón lo siento en la garganta y mis esperanzas se asoman nuevamente.
—¿Sí..., Alfa? —Me volteo hacia él, pensando que dirá que todo ha sido una broma y me mostrará la cámara oculta en alguna parte, me tomará entre sus brazos como tantas veces trató de hacerlo y ahora me arrepiento de habérselo impedido. Pero en cambio dice:
—Espero que encuentres lo que buscas en la vida.
No respondo... No puedo. Salgo casi corriendo y me meto a la privacidad de mi auto, derrapo sobre el camino que recorrí innumerables veces y ahora sí me permito llorar.
Lloro amargamente por lo que fue y por lo que jamás será. Porque nunca sabré qué hubiera pasado si....
Llego a casa, tomo mis cosas y las amontono desordenadamente en una maleta. No sé a dónde me dirijo y la verdad no me importa; lo único que sé es que no me quedaré a observar cómo otra disfruta de la vida que a mí me correspondía.
La vida es tan injusta a veces.
Conduzco sin rumbo fijo, mientras le reclamo a la Luna el haberme enlazado a un hombre que no puedo tener. Aunque la verdadera culpable soy yo misma, por haber continuado con un juego que sabía de antemano cómo terminaría, por haber creído mis propias mentiras aún sabiendo que alguien resultaría herido.
Lo que no imaginé, es que esa sería yo.
****De vuelta en casa se forma la locura al dar la noticia a nuestros seres queridos. Mis padres apoyan a David en sobreprotegerme y su madre se encuentra feliz, tanto que parece aminorar su duelo y encuentra un nuevo motivo por el cual seguir viviendo después de perder a su compañero.Nuestros amigos tratan de estar en todo el proceso conforme pasan los meses y me vuelvo más grande, más achacosa y por sobre todas las cosas, más feliz de lo que podría haber imaginado algún día.Connor no quiere despegarse ni por un segundo de mi, duerme a mi lado, solo quiere que sea yo quien lo alimente y entiendo que es parte de mi embarazo. Festejamos el primer cumpleaños de nuestro hijo cuando ya tengo siete meses y una barriga sobresaliente que, lejos de hacerme sentir insegura, me vuelve más hermosa que nunca, más consciente de la vida y de las maravillas que puede lograr el cuerpo de una mujer.Dos meses pasan lentos cuando se espera ansiosamente por conocer al nuevo amor de tu vida. Pero hoy
AZUL—Amor, ¿Haz visto a "chato"? —pregunto a David mortificada, en lo que recojo juguetes por toda la habitación, sin ver el famoso perrito de felpa que me urge encontrar—. ¡Ayuda... Bebé llorando!—Lo tengo. —Se aproxima mi compañero con el peluche en sus manos, manteniendo una envidiable tranquilidad, mientras yo me estoy volviendo loca—. Tranquila, dámelo —pide, extendiendo sus brazos en mi dirección.—Con gusto —digo, entregándole a Connor, quien deja de llorar como por arte de magia en cuanto lo ve—. No sé cómo haces eso.—¿Qué cosa? —inquiere con el bebé feliz entre sus brazos.—Eso. —Apunto hacia Connor—. Contigo nunca llora, parece que me odia —murmuro apesadumbrada.—Qué dices, claro que no te odia. —Se acerca y me da un tierno beso en los labios—. Es solo que pasa más tiempo contigo. Creo que me extraña y solo se emociona cuando me ve.Hace dos años que David y yo nos unimos bajo la luz de la Luna y parece que fue anoche cuando nos prometimos amarnos apasionadamente, cosa q
AZUL—¿A qué te refieres con que no puedes darme hijos? —inquiere David con un tono de voz que me sabe a decepción—. ¿No quieres hacerlo, o no....puedes? —pronuncia la última palabra despacio.—No puedo —digo, a penas en un susurro.—¿Estás segura?, Podemos buscar ayuda...—Para, por favor —ruego con cansancio—. Ya me he sometido a suficientes pruebas, solo tengo un cinco por ciento de probabilidades de quedar embarazada y yo... Yo no puedo hacerte eso... No puedo arrastrarte conmigo... —hablo rápido, cómo cuando quitas una bendita, esperando que la herida haya dejado de sangrar.—Azul... —Retira mis manos de mi rostro avergonzado—, ¿Aún no te queda claro que yo te amo?—¡Por la Diosa! David. —Me desespero—. Yo sé cuánto deseas ser padre....—Es verdad. —Me interrumpe—. Lo deseo, porque lo quiero contigo.Mis ojos se encuentran con los suyos al fin y una cálida sensación invade mi corazón, cuando veo la sinceridad en ellos.» Quiero estar contigo el tiempo que nos quede de vida. —Acun
DAVIDMi madre llora desconsolada frente al cuerpo inerte de mi padre, quien acaba de fallecer, después de incontables días de agonía. Intento demostrar fortaleza ante los demás, pero la realidad es que me estoy desmoronando, poco a poco mis barreras se derrumban como una casa de naipes y, no sé cómo detenerlas. Ha sido un problema tras otro, cada golpe más fuerte que el anterior.La muerte de mi hermano, la partida de Vicky, el abandono de Azul y, ahora... Mi padre. El hombre que me cargó en sus brazos cuando llegué al mundo, que estuvo ahí cuando dí mis primeros pasos, que me ayudó a levantarme después de cada caída. «La primer palabra que pronuncié... Papá»Me siento fuera de mi cuerpo, lejos... muy lejos de aquí. No estoy seguro de que mi madre pueda soportar tan duro golpe. Entre nuestra especie, es bien sabido que cuando un compañero muere, la otra parte tiene muchas probabilidades de hacerlo también, y eso es algo más en qué pensar.Siendo sincero, hace mucho tiempo que mi pa
Último capítulo