Mónica le acercó un postre delicado, con una sonrisa dulce y pura:
—Lo que haya entre tu prima y yo nunca te involucrará. El que nos conociéramos fue gracias a tu ayuda, y yo siempre te he visto como a una hermana. En cuanto a lo que digan los demás, es cosa suya; no podemos controlarlos ni vale la pena tomarlo a pecho.
Zoe asintió lentamente:
—Es cierto, a esa gente le encanta chismear.
Por alguna razón, se dio cuenta de que en la capital, ya fueran herederos de buena familia, damas de socied