La voz de Samuel era profunda, cargada de una presencia única:
—Cuida a tu hermana con tranquilidad, no te preocupes por la empresa.
A Andrés nunca le había importado si su posición podía ser ocupada por otro.
Desde que comenzó su vida laboral, cada cosa que hacía dejaba en evidencia, sin necesidad de alardes, su valor personal.
Un valor que no cualquiera podía reemplazar.
Tomemos, por ejemplo, Zaltera: había numerosos directivos e incluso dos grandes accionistas desde sus inicios.
Todos ellos