Álvaro exhaló aliviado.
—Casi me matas del susto.
Recuperándose, encendió la luz.
En el instante en que apareció la iluminación, esta cubrió a Mónica. Álvaro frunció el ceño.
—¿Estás fumando? ¿Cómo es que fumas?
Mónica, como modelo de señorita de alta sociedad en la Capital, no tenía ningún vicio.
Si había que buscarle algún defecto, era que su carácter era demasiado bueno.
Mónica, de espaldas a él, miraba la noche nevada y silenciosa fuera de la ventana.
—Apaga la luz, me molesta.
Álvaro, sin