Álvaro apretó los labios.
Mónica continuó hablando sola:
—Probablemente se convertiría en la burla total de la Capital, ¿verdad?
Álvaro pensó que no estaba bien y rápidamente intentó calmarla.
—Descansa un poco primero. Aún hay tiempo antes del juicio; veamos si podemos encontrar otra alternativa.
Mónica, sin prisa, se recostó en el respaldo del sofá.
—Tengo hambre.
La comida que había comido sola antes, la había vomitado toda después.
—¿Puedo quedarme en tu casa unos días?
Álvaro asintió.
—Val