Incluso había quienes ya la llamaban Señora Molina de antemano.
Mónica mostraba modestia en la superficie, pero en el fondo disfrutaba enormemente de ese título.
—Déjenme atender una llamada —dijo Mónica.
—¡Claro, claro! Usted atienda tranquila.
Todas sonrieron amablemente.
Mónica, frente a ellas, contestó el teléfono de Andrés:
—¿Hola?
—¿Estás en casa?
—Sí, algunas amigas vinieron de visita, estamos charlando.
Andrés respondió:
—Bien. Ya envié unas botellas de vino a casa; puedes repartirlas