Pero lo que sorprendió a todos fue que Mónica, con una sonrisa, asintió.
—Sí, lo hice.
¡El estupor fue instantáneo! La Señora Flores se quedó paralizada un momento, y luego le dio una bofetada.
¡Paf!
El sonido hacía pensar que la mejilla debía arder de dolor.
Ni siquiera Valeria esperaba que la Señora Flores, quien tanto amaba a su hija, le pegara a Mónica.
La Señora Flores, furiosa y angustiada, odiaba que su hija no se respetara.
—¿No tienes vergüenza? ¡Ven conmigo!
Sin embargo, Mónica no se