En un instante, varias personas de afuera se acercaron.
La Señora Castro, que acababa de entrar a la sala de descanso, vio a Mónica salir con la ropa cambiada.
La ropa estaba cambiada, pero su peinado seguía desordenado y empapado, todavía con un aire desaliñado.
La Señora Castro se acercó, con el corazón lleno de preocupación por su hija.
—Mónica, ¿qué te pasó?
La empleada de la familia Flores, algo molesta, respondió:
—La Señorita Herrera la salpicó.
En ese momento, ya había bastante gente c