En cuestión de segundos, la frente de Carolina se cubrió de un sudor frío.
¿Qué hacía aquí el Señor Pérez?
¿Por qué estaba aquí?
¿Qué debía hacer...?
—Carolina —la llamó Isabella.
Carolina estaba tan nerviosa que no sabía dónde posar la mirada.
—Eh, yo...
—Toma asiento, no hace falta tanta ceremonia —dijo Isabella.
El Señor García ya había iniciado una conversación con Sebastián.
—He oído hablar de ti. Un joven empresario bastante exitoso de Valparaíso —comentó el Señor García con una sonrisa—.