—Tener una amiga tan comprensiva y dulce, claro que es buena suerte —respondió el Señor Pérez.
Sebastián sabía que no podía enfrentarse a él en ese momento.
—Ciertamente lo es. Y jamás la abandonaría por algunas... experiencias desafortunadas que sufrió.
El Señor Pérez fingió sorpresa.
—¿Experiencias desafortunadas? ¿A cuáles te refieres?
Sebastián lo miró, su expresión ahora fría.
—Señor Pérez, algunos asuntos es mejor no revolverlos. No es propio de un caballero.
—¿Qué quieres decir? —se de